Columnas Titulares

El millonario ayate de Diego….

 

Polvorín

El millonario ayate de Diego….

José Ángel Solorio Martínez

Diego Guajardo Anzaldúa, alcalde de Río Bravo, Tamaulipas, no quiere reelegirse. O al menos, eso es lo que se infiere de sus más recientes conductas y actos políticos que ha mostrado. Ha reñido con medio Río Bravo que en pasadas elecciones le ayudaron a llegar. Y la otra mitad del pueblo, es el priísmo duro que lo sigue viendo como una imposición y una villanía del ex gobernador Egidio Torre Cantú.

De ingrato, no lo bajan muchos actores locales.

La última que cuentan, es el baño grande que le hizo al diputado federal Edgar Melhem Salinas. Este legislador, que ya tiene suficiente colmillo para moverse en las altas esferas de la gestión y de la política del país, hace unos meses consiguió para el pueblo 40 millones de pesos para desarrollo urbano, y hace unas semanas varios cientos de millones de pesos para tirarlos a fondo perdido en obra pública en la ciudad.

Es sabido, que esos oficios son reciprocados por los beneficiados con diversos favores: oficinas de gestoría, viáticos –toda vez que ellos cubren el pago a otros gestores que meten y machacan hasta que los proyectos son aprobados en la Cámara de Diputados- y otras sinecuras.

Diego, el Guadalupano, se hizo que la virgen le habla.

Se tornó perdedizo.

O sea: se ha hecho el occiso.

En otras palabras: desconoció el gesto de solidaridad del legislador Melhem Salinas y algo del monto para obras, se los entregó a varias de sus secretarias y asesoras –entre las cuales, se rumora tiene pátercompromisos y vínculos de cercanísimo afecto (esto hay que manejarlo con pinzas, toda vez que viene de damas que manejan el chisme como instrumento de venganza)- en lugar de apuntalar en su tarea gestora al parlamentario.

Pifia del Niño del Ayate.

El diputado Edgar, fue uno de los factores que definió su candidatura a la alcaldía hace casi un año, cuando la pelea se cerraba entre Copitzy Hernández y Zacarías Melhem Kuri.

Igual, a varios constructores que aportaron para su campaña se les ha vuelto ojo de hormiga. Para ello, ha blindado su oficina con dos retenes previos. No atiende ni a los regidores, que son sus pares. En parte, por ello se ha generado la ingobernabilidad al interior del Cabildo: sólo recibe a damitas de las colonias que lo buscan para que las apoye en sus fiestas de 15 años, o para sus onomásticos.

Hace un mes, despidió su Jefe de Prensa.

Se asegura, que este funcionario, llegó por recomendación de Jorge Cárdenas Garza.

Se infiere: otro distanciamiento.

Con un PRI en picada, y un PAN que lo repudia, Diego ya tiene un escenario cuesta arriba.

Hay que sumar, los disensos que se ha ganado a pulso.

Otro indicio que hace suponer que el Niño del Tepeyac, no desea reelegirse, es su descomunal voracidad por el dinero público.

Se puede adivinar: quiere un jugoso año de Hidalgo, para retirarse a vivir tranquilamente –como lo ha hecho los últimos 7 años- a Mission, Texas…

 

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