Novedades al Minuto

La cultura en primer plano

156 visitas

Rutinas y quimeras

Clara García Sáenz

La cultura en primer plano

Por fin se le puso el nombre que muchos, durante las últimas décadas habíamos deseado; al terminar el 2015, el gobierno federal anunció la creación de la Secretaría de Cultura. Un asunto discutido hasta el cansancio entre promotores y artistas, pero ignorado por la federación.

En México, los encargados de la política nacional nunca habían considerado elevar a rango de Secretaría de Estado las acciones culturales, en un absurdo incomprensible; esto sin duda, se traducía como un gesto de desprecio, de poco interés y, en muchos momentos hasta ignorancia y temor por lo que podía desatar esta categoría. El subsector de la cultura, como solían llamarle para cuestiones presupuestales, era un coloso que cada día parecía crecer más a pesar del debilitado presupuesto que los gobiernos se encargaban de administrarle.

Los recortes a cultura siempre han sido los primeros en aplicarse cuando la crisis económica se hace presente en nuestro país, es decir, siempre o casi siempre. El dinero para cultura nunca ha sido abundante, sus trabajadores están acostumbrados a trabajar con mucha imaginación y poco presupuesto, la abundancia es un placer que en esa área simplemente nadie conoce.

Mucho se discutió en los medios sobre la conveniencia o no, de trasformar el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en Secretaría de Cultura, demasiadas palabras se escribieron, incluso por quienes, sin comprender a profundidad el asunto, opinaron solo por ser opinadores y crearon en muchos, dudas y confusiones sobre una decisión que se tomó más por las circunstancias que por las convicciones culturales de los funcionarios federales. El coloso, que aún sometido a una dieta presupuestal rígida seguía creciendo, no podía ya controlarse a través de un Consejo; requería urgentemente darle otro estatus por cuestiones administrativas.

 La complejidad de la estructura cultural está inspirada en el modelo francés que André Malraux diseñó y aplicó con grandes resultados en los años 60 en el país galo, solo que en México no consideraron desde su aplicación el elemento clave que le dio los resultados halagadores a Francia donde fue elevado a rango de Ministerio; navegando en las aguas de los caprichos políticos desde los años 70.

Así creció por sus lados el INBA, INAH e innumerables instituciones artísticas y culturales que no lograron reagruparse con la creación del CONACULTA en la década de los 80. Hoy, con el rango ya de secretaría, el reto inmediato no es su reglamentación y operación, sino su permanencia, porque lo que sigue es quedar expuestos a los vaivenes de las administraciones sexenales donde cada nuevo inquilino de Los Pinos hace y deshace secretarías al contentillo.

 En un país como México donde la riqueza cultural es vasta, resulta casi inexplicable la dilatada decisión de darle un espacio en el espectro político de primer plano, cuando ya desde los 70 el turismo tenía ese rango. Lo importante ahora es que se preserve este status e intentar imitar en Tamaulipas la fórmula, creando la secretaría de cultura en el estado.

E-mail: claragsaenz@uat.edu.mx