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Los Maestros

Tribuna

Por Javier Terrazas

Los Maestros

Ayer fue Día del Maestro y  durante horas me acompañaron muchos recuerdos de algunos de mis maestros en las diversas etapas formativas.

Principalmente se hizo presente la imagen de mi padre, que durante  buena parte de su vida ejerció y abrazó con gran vocación la profesión del magisterio.

Tener al maestro en casa y otros maestros en la escuela, no era muy grato de pequeño. Pero a la postre sí que fue muy redituable.

Si tu tío era Director de la escuela y los maestros amigos suyos y de tu padre, el compromiso de ser buen alumno era doble.

Un hijo de un maestro exigente tenía que ser bueno o muy bueno. Esa era la exigencia y había que pasar esa norma.

Por fortuna, en los primeros dos años escolares tuve una excelente maestra,  de gran vocación y sensibilidad para transmitir los primeros saberes con alegría y dulzura.

Luego vinieron maestras más sobrias y maestros más estrictos, pero el cimiento para abrevar de los nuevos contenidos con deseo y  responsabilidad, permitieron superar  otros estilos y temperamentos de los mentores.

Siempre he sostenido que la educación cumple su verdadera función cuando viaja en un vehículo eficaz que es una buena pedagogía.

Y para que ello ocurra, los profesores deben tener vocación, buena capacitación y un entorno apropiado para desarrollar su misión.

Definitivamente, en los primeros años de formación escolar, tienen que estar ubicados los mejores maestros, en toda la extensión de la palabra.

Pues de esa manera, se construirán los mejores cimientos para las siguientes etapas.

En países avanzados en calidad educativa así lo hacen. Además de que son los maestros mejor retribuidos en sus ingresos.

Desgraciadamente, en nuestro sistema educativo, la evolución de la educación no ha sido la apropiada, ni la esperada,  ni la requerida.

Creo que tiempos idos en materia educativa, fueron mejores que los actuales.

El relajamiento de la autoridad, la pérdida del nivel de los salarios, la reducción de las horas de instrucción, la depuración y aligeramiento de contenidos, la llegada de miles de burócratas sin vocación, la devaluaron.

Para que la educación sea mejor y de calidad, tienen que funcionar bien todos los engranes del complejo sistema: La autoridad superior como rectora; el Director e Inspectores con la plantilla docente; la infraestructura escolar;  los alumnos y sus entornos, los padres de familia.

Si este ecosistema se altera, los resultados no son los óptimos.

Sin embargo, la parte fundamental de todos ellos es el maestro con vocación, mística y responsabilidad social.

Afortunadamente conocí a muchos de ellos de cerca en mi niñez. Al mejor de ellos, lo tuve en casa, su ejemplo en el hogar y en la escuela, fueron muy valiosos.

Y de la misma forma los que buenos maestros que tuve en primaria y secundaria, que son etapas claves. El verdadero cimiento.

Con un día de rezago, un abrazo a mis grandes y buenos maestros de infancia. Los profesores Juanito, Conrado, Leticia, Luz Elvia, Crispín, Roger, Humberto, Cesáreo y muchos más.

A algunos hasta el cielo. Otros, donde quiera que estén en la faz de la tierra.

Maestros de esa estirpe y bagaje requiere nuestro país para enfrentar los delicados retos de la posmodernidad.

Felicidades a los verdaderos maestros tamaulipecos y del país entero. El destino  de la nación está en sus manos, no en las de los políticos.

 

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