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El árbol de Navidad, su origen y cómo se volvió tradición

*Hemos hablado de inventos que forman parte de una cultura regional, pero también los hay aquellos que se vinculan fuertemente con una tradición o con una festividad global. Tal es el caso del árbol de Navidad, del cual, aprovechando las fiestas, te contamos su breve historia.

Agencias /  Redacción / NT

Según coinciden los historiadores, este podría tener su origen en los Celtas de Europa Central, quienes acostumbraban usar árboles para representar a varios de sus Dioses.

Esta cultura, además, coincidiendo con la celebración de la Navidad cristiana, celebraba el nacimiento de Frey, Dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol que era llamado “Divino Idrasil” (Árbol del Universo), del cual se decía que en su copa se encontraba el cielo y en sus raíces profundas el infierno.

Extendiéndose el cristianismo y luego de entender que existían tradiciones consideradas paganas que no podían desarraigarse tan fácilmente, se buscó empatar las dos.

San Bonifacio, evangelizador de Alemania, fue uno de los promotores de esta mezcla de costumbres, ya que, cuenta la leyenda, fue quien reemplazó uno de los árboles que representaba al Dios Odín por un pino para honrar al Dios cristiano.

Dicho árbol, siguiendo la costumbre llamada pagana, también estaba adornado, pero con manzanas que representaban el pecado original y con velas que representan la luz de Jesucristo.

Extendiéndose aún más el cristianismo se fueron tomando algunas de estas tradiciones como propias de esa religión y se adoptó la idea del árbol para honrar a Cristo.

Finalmente, como dato, cabe señalar que se cree que el primer árbol de Navidad formal apareció en Alemania en el año 1605, ya con la mayoría de los elementos que se conocen ahora, y de ahí fue extendiéndose a todo el mundo cristiano.

Introducción a México

A México, el árbol navideño llegó durante el brevísimo reinado de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867). Cuando éste fue fusilado, se desprestigiaron las costumbres fomentadas por el emperador y su corte, así que el pueblo dejó de decorar árboles en Navidad hasta que, en 1878, Miguel Negrete —rival de Porfirio Díaz— adornó un enorme árbol de forma tan espectacular, que le valió mención en varios diarios de la época. La población adoptó paulatinamente este uso —sobre todo en las zonas urbanas—, que alcanzó su auge a partir de los años 50, cuando la mercadotecnia estadounidense influyó a las grandes masas por medio del cine y la televisión.

Actualmente en casi todas las ciudades del país —en plazas públicas y en los centros comerciales— se colocan árboles navideños que parecen competir en tamaño y espectacularidad. Dos de los más célebres son el de la Macroplaza de Monterrey y el que se sitúa en la esquina de Liverpool Insurgentes, en la ciudad de México, que, por cierto, fue el primero que se montó con esas características.