Columnas

AL VUELO-Sketch IV

AL VUELO-Sketch IV

Por Pegaso

Se escucha el llanto de La Chabelita que se acerca al confesionario con el padre Otero, en la Parroquia de Guadalupe.

-Padre Otero: ¡Ay, Dios mío! Ahí viene otra vez esta sierva tuya. ¡Si no quieres llevártela sólo te pido que me des paciencia y resignación!

-La Chabelita: (Llorando a moco tendido) ¡Ave María Purísima!

-Padre Otero: Sin pecado concebida. Bueno, hija, dime ahora ¿por qué estás llorando?

-La Chabelita: ¡Ay, padre Otero! Es que he caído a lo más bajo y ruin de la existencia; mi alma está condenada a pasar la eternidad en lo más obscuro del Tártaro.

-Padre Otero: No digas esas cosas, Chabela. Tranquilízate y cuéntame qué te ha pasado ahora.

-La Chabelita: ¿Usted conoce a Francisco Chamira?

-Padre Otero: Por supuesto que sí. Francisquito Chamira, el rector de la Universidad del Norte. Es un buen muchacho, muy amable y caritativo. ¿Qué pasó con él?

-La Chabelita: (Rompiendo en fuertes sollozos). ¡Qué amable y caritativo va a ser! Es un concupiscente que me ha arrastrado al pecado y a la lujuria.

-Padre Otero: ¿Pues qué fue lo que te hizo?

-La Chabelita: Déjeme le cuento, padre. La otra noche llegué hasta donde estaba él y al verme me dijo: (Haciendo la voz gutural y poniendo en blanco los ojos) «¡Chabelaaaa, qué sabroso se ve eso que tienes ahí!» Luego me dijo que me acercara para podérmela agarrar y me la agarró, padre.

-Padre Otero: ¿Y tú qué hiciste? Me imagino que te opusiste a que eso pasara.

-La Chabelita: (Nuevamente llorando). ¡Ay, ayyy, ayyy!

-Padre Otero: ¿Qué? ¿No te resististe?

-La Chabelita: ¡No pude, padre! Su fuerza era superior a la mía, por eso me gustó que me la agarrara.

-Padre Otero: (Pegándole con el báculo en la cabeza) ¡Pecatriz, inverecunda, pécora!

-La Chabelita: ¡No me pegue, padre! Pues eso fue fue lo que pasó.

-Padre Otero: Bueno, ¿y luego?

-La Chabelita: Me dijo que me pusiera de ladito y ¡zas! me la metió hasta el fondo, padre, hasta el fondo. Yo le dije que nada más quería que la metiera poquito, pero él insistió y la empujó hasta adentro.

-Padre Otero: (Dándole otro baculazo en la cabeza) ¡Ya te he dicho que no necesito tanto detalle! ¿Y qué pasó después?

-La Chabelita: Pues nada, padre Otero, ahí se quedó la caja de galletas, dentro del trailer para que la llevaran a los damnificados y yo me retiré a mi casa.

-Padre Otero: ¡A ver, a ver, Chabela!¿Todo este tiempo me has estado hablando de una caja de galletas?

-La Chabelita: ¡Pues claro que sí, padre!¿Usted qué había pensado?

-Padre Otero: Nada, hija, nada. Ir al centro de acopio de Francisco Chamira a dejar una caja con galletas no es pecado. Puedes irte tranquila. Reza tres Padres Nuestros y diez Aves Marías.

-La Chabelita: ¡No es pecado!¿Qué bueno es usted, padre? (Besándole la mano y enjugándose al mismo tiempo las lágrimas)

-Padre Otero: Ve con Dios, hija.

(Se aleja La Chabelita y el padre Otero levanta las manos al cielo).

-Padre Otero: Dios mío, ¿qué he hecho para merecer este castigo? ¿Por qué no te llevas a ésta sierva tuya a Ciudad Victoria a ver si le dan una chamba en el Gobierno del Estado?