Columnas Titulares

ARTE Y PODER EN DOLORES OLMEDO

LETRA PÚBLICA                                                                                                                          

ARTE Y PODER EN DOLORES OLMEDO

RODOLFO SALAZAR GONZALEZ

En la medida en que los seres humanos nos vamos consumiendo en la reducida dosis de vida que se nos permite vivir en este paraíso terrenal se da cuenta que casi todas las cosas que buscó; ya habían sido encontradas  por otro tipo de ser humano inquieto y curioso que buscaba respuesta a los millones de enigmas que le planteaba su imaginación y su obsesión por descubrir las respuestas a tantas preguntas que nos daban vuelta por la cabeza.

Es así como la historia nos muestra que el Estado surge como un urgente requerimiento para dar una mínima dosis de respeto y justicia al individuo, que no formaba parte de los núcleos dominantes que caracterizaron la barbarie que significó el feudalismo. El estado sustituye al menos en teoría, esta espantosa forma de vida, con que el ciudadano común y corriente y la sociedad de los siglos pasados hubo de acostumbrarse a vivir; sin tener derechos, ni respeto, por sus bienes o por su vida.

Hace mucho tiempo, en la capital del país entré al museo que Dolores Olmedo tiene en Coyoacán, donde exhibe con orgullo toda la obra pictórica de ese gigante mexicano universal que es Diego Rivera. Me asombró que una sola mujer, mexicana, fuera la depositaria y dueña de una obra artística valuada en cientos de millones de dólares.

Mirando retratos de la Olmedo y posteriores entrevistas en revistas de arte especializadas fue como me enteré que Dolores Olmedo había sido una consentida del Estado Mexicano y que había hecho dupla con quien fuera un personaje líder de la plutocracia mexicana: Carlos Hank González, que acumuló una inmensa fortuna corrompiendo la función pública para sus intereses personales.

Este personaje de la política mexicana a Dolores Olmedo le entregó la exclusividad de fabricar tabiques que se utilizaron en todas las obras que el profesor Hank construyó a lo largo de su prolongada y productiva función pública. Esta concesión convirtió a la señora Olmedo en una mujer inmensamente rica, que afortunadamente no la enajenó, pues logró conservar el amor por sus raíces indígenas y su pasión por el muralismo inconfundible y único del maestro Diego Rivera. El ascenso económico de esta inteligente mujer reflejó con pulcritud que el progreso que el Estado Mexicano generaba no era equitativo, ni justiciero; era más bien de grupo compacto y de pandillas.

México era el país en el que se corría la suerte de que la nueva “comalada de millonarios tuviera” inclinaciones, como en el caso de Dolores Olmedo, por el arte y la historia de nuestro país. Fenómeno que no sucedió con otros buitres del Estado Mexicano. Por lo que el caso de Dolores ha sido una verdadera excepción.

En el ejército israelí, -considerado uno de los mejores del mundo- hay una regla de oro que por ningún concepto es violentada o rota: “El ritmo de la tropa debe ser al paso del soldado más lento”. Jamás un soldado israelita comete el delito de abandonar un compañero, cuando este disminuye en su capacidad física y en la velocidad de su caminar.

Siempre he creído que este axioma lleno de valor ontológico que utiliza el soldado israelita debe ponerse en práctica en el momento de gobernar una ciudad o un país. Mal se ve que existan sociedades en donde viven personas hacinadas en la miseria y en la falta de servicios públicos, mientras otros sectores logran que sus residencias no sean siquiera observadas por otras personas, en virtud de que tienen la capacidad para clausurar los accesos al que solamente tienen derecho los que viven en esos palacios citadinos.

Algo similar está pasando con la fiebre de construcción que padecen los gobernadores y los presidentes de la República y obviamente los alcaldes de ciudades importantes, todo lo quieren resolver con calles nuevas, con pasos a desnivel; todo gira en torno de los vehículos y se olvidan en forma imperdonable de los peatones, de los seres humanos. Si algún aspecto de la revolución mexicana justifica este fenómeno social y lo hace vigente y materia de consulta para los problemas de la modernidad, es la inmensa campaña de alfabetización que Vasconcelos logró en los sectores indígenas que fueron carne de cañón durante el feudalismo.

Vasconcelos le reprochaba con energía al general Obregón cuando éste le cuestionaba por qué llevar los clásicos griegos y latinos a los indios? diciéndole: “Álvaro, lo único que nos puede salvar de la barbarie es la educación, tienes que entenderlo, Álvaro”; después el maestro de América pronunciaría la frase lapidaria con que define cómo es el hombre de la frontera, donde hoy el narcotráfico es rey: “El norte de México, es el sitio donde termina la civilización y comienza la cultura de la carne asada” así veía el maestro Vasconcelos a los “bárbaros del norte” que llegaron a la presidencia de la República con Plutarco Elías Calles.

Estas reflexiones sobre el progreso; y sobre la fiebre de construir que tienen los gobernantes locales, estatales y nacionales, es con el fin de hacerles sentir que un pueblo necesita más atención en sus necesidades primarias, como son trabajo, vestido, salario digno, y sobre todo, lo que soluciona todo: educación.

Nuestras escuelas mexicanas, sobre todo las primarias -ya es un ritornelo decirlo- se ahogan en la miseria y en el mal funcionamiento de sus instalaciones. Pero se siguen construyendo pasos a desnivel para que su majestad el vehículo pueda correr libre y sin problemas; mientras que el ser humano, se hunde en un mar de frustración, por no saber con qué amanecer al día siguiente.

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