Columnas Titulares

EL OTRO NOMBRE DE HAMLET

LETRA PÚBLICA

EL OTRO NOMBRE DE HAMLET

RODOLFO SALAZAR GONZALEZ

En memoria de la Lic. Carolina Martínez de Pumarejo, abogada y madre ejemplar.

La duda siempre ha sido un instrumento imprescindible en el trabajo de la ciencia. No pueden los científicos, ni deben, considerar como una verdad absoluta el resultado de los primeros ensayos sobre alguna materia hipotética que pudiera ser de beneficio colectivo. Tienen que volver a probar, hacerlo tan concienzudamente hasta que se disipe cualquier posibilidad dudosa de que lo que se investiga arroje un resultado diferente y nocivo. También la duda, en algunos casos, en temas histriónicos y filosóficos es una veta valiosa para consumar la confiabilidad del concepto. Si dudas razonas, si razonas pones a trabajar tu pensamiento. El pensamiento repetido sobre un idea arroja necesariamente luz a lo que antes era borroso, es decir, inconfiable.

Hamlet, es el príncipe de la duda, “Ser o no ser, esa es la cuestión”, se plantea constantemente cuando piensa en la venganza de  purificar el honor manchado de la familia por el homicidio del Rey de Dinamarca (su padre) perpetrado por su tío Claudio, quién en complicidad con Gertrudis, (madre de Hamlet) quitan la vida al monarca y roban el trono al príncipe heredero, quién para recuperarlo planea mediante la duda el castigo en que consiste su venganza: Eliminar a su tío Claudio y reprochar a su madre tal felonía.

Este es sin duda el drama más intenso que se ha escrito sobre el significado de las pasiones controvertidas por la desesperanza, la soledad, el deshonor y el afán ilimitado e irreversible de tomar venganza. En el caso de Hamlet, tras la duda no viene la verdad. Llega el placer cumplido de haber eliminado a quién fue la causa de la desgracia personal del príncipe de Dinamarca. No hay historia más apasionada y profunda que la que protagoniza el heredero de un trono que sabe que su derecho real le fue robado principalmente por su madre.

Que en la más decadente de las infidelidades traicionó a su padre con el propio hermano del monarca: Claudio. Durante la consumación de la venganza inteligentemente Hamlet deja correr en todo su reino el velo de  la duda y la confusión, aparenta ser un loco, en este desvarío infundado, encuentra el camuflaje perfecto para no ser descubierto por los asesinos de su padre, antes de reunir las evidencias  para poder encontrar en la venganza o castigo su propia redención.

Algunas veces tengo la sensación de que el pueblo de México ha sido traicionado recurrentemente como el Príncipe Hamlet, por los monarcas que elige, este generoso país que tiene en todos los habitantes que lo componen un instrumento más poderoso y dañino que la venganza del propio Príncipe de Dinamarca que fue víctima del oprobio al ver como su propia familia lo dejaba en la orfandad por la ambición desmedida del poder y todo lo que esto representa.

Cuantas veces los que han detentado el poder político presidencial en nuestro país han anunciado que van a realizar los actos punitivos para terminar con el dolor que nos causa la miseria, la pobreza, la corrupción, el nepotismo, la venta de todos los recursos de México a manos particulares para con este acto mercantil hacer más gruesas las fortunas de los que por décadas diciendo servir al país lo han traicionado de una manera vil e inhumana, dejando a la población en la más angustiosa condición de indefensión social, política y económica.

Desde hace 45 años, recuerdo que estamos en una permanente crisis económica, en la década de los setentas el fenómeno de la “estanflación” en 1976 tuve la oportunidad de vivir la primera devaluación en mi vida, después de que por más de veinticinco años el dólar en mi país costaba 12.50. Quince años después fueron espantosos como aquel lamentable “error de diciembre” en 1994, que fue el golpe final, la traición absoluta, que a diferencia del Príncipe Hamlet, los mexicanos no hemos podido tomar venganza para recuperar el control de nuestro país y con esto el reencuentro con las posibilidades de una transformación económica consistente en una capilaridad social que nos convertía de simples campesinos y obreros a profesionales o pequeños y medianos empresarios que existió de una manera digna y oportuna hasta los años setentas.

De 1994 a la fecha lo único que hemos tenido, mejor dicho padecido es el subempleo, la informalidad, el subdesarrollo, el déficit, y como resultado terminal la pobreza extrema que nos lacera y nos golpea el alma porque cada día la vemos más cerca en las personas y las familias que conviven en nuestro alrededor; ahora mismo el sureste de México es un páramo desolado en donde el desempleo que ha provocado la Reforma Petrolera ha causado una sensación patética de angustia que está llevando a la banca rota a todos los prestadores de servicios y que ha permitido que los obreros que quedaron en la calle se suban al vehículo infernal del crimen organizado cerrando para siempre las oportunidades de una existencia feliz a sus familias.

La crisis nos está alcanzando a todos, casi sin excepción; los gobernantes y los gobernados, los banqueros y los ahorradores, los candidatos y los electores, hasta este momento no han podido salirse de esa máxima de creerse y reflejarse en sus propias mentiras, por eso pienso que en estos días dramáticos que ya son una dolorosa prolongación de más de 45 años de crisis permanente para los mexicanos que vivimos de nuestro trabajo, porque no ha sido así, para los que nos gobiernan, ya que todos ellos confabulados entre sí, se han convertido en expertos en vivienda y el prominentes inversionistas, todos lucen mansiones deslumbrantes, ropa de marca y cuentas elevadas en dólares y euros en bancos europeos principalmente. Ha llegado la hora de una forma institucional y ciudadana de ejecutar venganza como en su momento lo hizo violentamente el Príncipe Hamlet al castigar a los criminales de su padre, el Rey de Dinamarca.

La última encuesta que publicó un diario escrito de la capital del país pone como puntero en las intenciones del voto para el año 2018 como presidente de este país al político tabasqueño que en el 2006 fue considerado por Felipe Calderón un peligro para México. Han transcurrido ya diez años, de que AMLO fue considerado un peligro para el país. Pero la realidad nos ha demostrado que quienes resultaron peligrosos para México son los que nos han gobernado durante estos últimos diez años que con el cuento de protegernos nos han llevado al peor de los mundos posibles.

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