Columnas Titulares

El otro rostro de la soberbia…

Polvorín

El otro rostro de la soberbia…

José Ángel Solorio Martínez

 ¿Qué hizo a un prometedor ciudadano, cambiar camino por vereda, apartarse del bien y tomar el camino de los avernos?..

 ¿Dónde dio el vuelco definitivo que hizo de un tamaulipeco brillante, y con un futuro prominente, uno de los criminales tamaulipecos de mayor calidad internacional?..

 ¿Cómo y por qué, se generó la ambición tan desmedida como desquiciada de Tomás Yarrington?..

 Escudriñar su mente, y explicarlo desde esa visión, es tarea de los psiquiatras.

 Lo que yo divisé, desde que era competidor de concursos de oratoria –lo vi varias veces en Río Bravo, Tamaulipas participando en el Sentimiento Juarista que fue uno de los certámenes del verbo más memorables en Tamaulipas- fue una soberbia inocultable.

 Era un chico, óseo, vestido modestamente que no socializaba con las personas, digamos normales. De algunos 14 o 15 años, arrasaba con sus adversarios en el atril.  Su palabra era hipnotizante, tanto como su énfasis y sus ademanes.

 Nunca lo vi perder una batalla como tribuno.

 Luego, en la Universidad de Autónoma de Nuevo León, lo reencontré en los concursos de oratoria. A la par de estudiar Economía en el entonces no tan prestigiado Tec de Monterrey, cursaba la carrera de Derecho en la UANL.

 Presencié un concurso que ganó ante sus compañeros de Leyes con cierta facilidad.

 La soberbia, nuevamente apareció en todos sus lances.

 Ahí estaba Eliseo Castillo Tejeda, -quien llegó a ser líder del Congreso en el sexenio de Manuel Cavazos Lerma- apoyándolo. Yo, acudí en apoyo de Raymundo Zepeda Gaona, estudiante de derecho, mi compañero de departamento y de luchas sociales que encabezaba la Izquierda nuevoleonesa.

 Tomas fue el primero lugar.

 Zepeda Gaona, el segundo.

 Yarrington, llegó a ser gobernador de Tamaulipas.

 Zepeda Gaona, se convirtió en el asesor jurídico de Francisco García Cabeza de Vaca y operaría como primer Síndico del Ayuntamiento de Reynosa que encabezó el hoy gobernador.

 Algunos años más tarde, encontraría a Yarrington como parte del equipo cercano del gobernador Cavazos Lerma. Y luego, asistí a reportear su toma de protesta como gobernador de Tamaulipas.

 Con el gobernador Yarrington, crucé sólo dos veces palabra. En casa de gobierno. En ambas, sentí pena ajena. Atestigüé, dolorosas humillaciones suyas contra personal de su equipo.

 Vi sobajar y lastimar cruelmente, a sus Secretarios.

 No exagero si digo, que Yarrington disfrutaba ofendiendo a sus subalternos. Esas, no me parecieron acciones generadas por la soberbia. Siempre imaginé, que eran prohijadas por su autoritarismo. Esa patológica desviación, del ejercicio del poder.

 Ese fue el pecado capital de Tomás.

 No robó, ni se fue a negociar a los más profundos infiernos, empujado por la soberbia.

 No.

 Transformó su arrogancia, en el más refinado autoritarismo…

Fin de la conversación