Columnas Titulares

LA GUERRA SEGÚN SUN TZU

Victoria y Anexas

Ambrocio López Gutiérrez

LA GUERRA SEGÚN SUN TZU

Dentro de unas horas tendremos resultados de las elecciones estatales y los expertos nos darán algunas explicaciones acerca de la victoria de fulano o la derrota de zutano por lo cual decidí compartir con mis hipotéticos lectores algunas líneas expresadas por el general Sun Tzu en El Arte de la Guerra, clásico milenario que se utiliza para entender confrontaciones militares, batallas políticas y más recientemente para sustentar campañas publicitarias.

El sabio chino dice que existen cinco factores fundamentales que cada general debe conocer: Doctrina: el pueblo debe apoyar a su gobernante; Tiempo: el Ying y el Yang; Terreno: distancias para trasladarse; Mando: sabiduría, sinceridad, benevolencia y coraje; Disciplina: organización del ejército (las bases).

Agrega que las armas son instrumentos de mala suerte; emplearlas por mucho tiempo producirá calamidades; como se ha dicho: “los que a hierro matan, a hierro mueren;” cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse; entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien.

Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas; así pues, lo más importante en una operación militar (o política) es la victoria y no la persistencia; esta última no es beneficiosa; un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá por sí mismo; como regla general, es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo; captura a sus soldados para conquistarlos y dominas a sus jefes.

Un verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas enemigas sin batalla, conquista otras ciudades sin asediarlas y destruye a otros ejércitos sin emplear mucho tiempo; un maestro experto en las artes marciales deshace los planes de los enemigos, estropea sus relaciones y alianzas, le corta los suministros o bloquea su camino, venciendo mediante estas tácticas sin necesidad de luchar; la victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia.

Antiguamente, los guerreros expertos se hacían a sí mismos invencibles en primer lugar, y después aguardaban para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios; hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás; la invencibilidad está en uno mismo, la vulnerabilidad en el adversario.

La invencibilidad es una cuestión de defensa, la vulnerabilidad, una cuestión de ataque; mientras no hayas observado vulnerabilidades en el orden de batalla de los adversarios, oculta tu propia formación de ataque, y prepárate para ser invencible, con la finalidad de preservarte; cuando los adversarios tienen órdenes de batalla vulnerables, es el momento de salir a atacarlos; si sólo eres capaz de asegurar la victoria tras enfrentarte a un adversario en un conflicto armado, esa victoria es una dura victoria; si eres capaz de ver lo sutil y de darte cuenta de lo oculto, irrumpiendo antes del orden de batalla, la victoria así obtenida es una victoria fácil.

Hasta aquí la sabiduría de Sun Tzu que, muy probablemente, conozcan algunos de los experimentados estrategas de las recientes campañas electorales, especialmente los que sirvieron a los dos finalistas por la gubernatura pues en ambos frentes participaron elementos que se decían seguidores del malogrado Luis Donaldo Colosio Murrieta quien tenía El Arte de la Guerra como su libro político de cabecera, según cuentan sus biógrafos.

Dice el autor oriental que siempre es mejor ganar las batallas sin destruir las ciudades porque luego habrá que gobernar y las reconstrucciones son muy costosas, aunque en el caso de las jornadas electorales más que destrucción material hay deterioro de las imágenes públicas de los contendientes y habrá que apelar a la generosidad del ganador y la serenidad del perdedor para que las pérdidas políticas sean menores pues, una forma de encarecer la guerra electoral, sería llevarla a los tribunales.

Quiero hacer finalmente una respetuosa sugerencia personal a mis conciudadanos para que se armen con su credencial de elector, se apersonen en su respectiva mesa de votación y emitan su sufragio de manera libre, sin prejuicios, sin presiones, sin complejos de culpa para que juntos fortalezcamos la democracia que nos cuesta a todos, además, gracias a Dios en este país tenemos muchos derechos, entre ellos el de elegir a nuestros gobernantes; hagámoslo en paz y con alegría.

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