Columnas Titulares

“LA HISTORIA COMO FUE”

LETRA PÚBLICA

“LA HISTORIA COMO FUE”

                                             RODOLFO SALAZAR GONZALEZ

A partir del 17 de mayo de 1978, Don Juan Guerrero Villarreal publicó en varios diarios de Tamaulipas once artículos que tituló: “La Historia Como Fue”. Que eran formalmente una crítica que realizó a “La Historia de Tamaulipas” que pulcramente -según él- escribió el también tamaulipeco y sólido historiador Don Juan Fidel Zorrilla. Que curiosamente, era pariente político del pundonoroso intelectual tamaulipeco que fue en todos los días que vivió Don Juan Guerrero Villarreal.

Gracias a la Universidad Autónoma de Tamaulipas “La Historia como fue” se convirtió en un Libro revelador que logró proyectar una visión crítica, tangible y valedera, por la realidad que vivimos de la magra existencia de una clase política tamaulipeca.

“La Historia Como Fue” es una obra que proyecta a su autor como un hombre que acumuló (raro en estos tiempos) vastos conocimientos de Historia, Derecho y Literatura. Además establece ante la opinión de nuestro tiempo su valor cívico y su independencia política; que en estos días obsecuentes lo convierten en una “rara avis”, capaz de decir su verdad.

Su libro debe ser una lectura obligada para las generaciones modernas que se interesan por la historia y la actividad política, concediendo esta última, como una actividad superior.

Analiza minuciosamente la actuación de cuando menos trece gobernantes tamaulipecos y expone con franqueza la convicción de que Emilio Portes Gil fue un virtual cacique que designó y “asesoró”, de 1925 a 1947, a los doce gobernadores que actuaron en Tamaulipas.

Merced a la fuerza política del presidente Portes Gil, fueron gobernadores: Federico Martínez Rojas, Candelario Garza, Gregorio Garza Salinas, Manuel Tárrega, Benito Juárez Ochoa, Felipe Canales, Juan Rincón, Enrique L. Canseco, Marte R. Gómez, Magdaleno Aguilar, Hugo Pedro González y Francisco Castellanos, quien por cierto, (este último) recibiera el honor que a su toma de posesión como mandatario tamaulipeco, el entonces presidente Portes Gil, asistiera como testigo de calidad el 5 de febrero de 1929.  Es este el momento más alto de la vida política en la historia de Emilio Portes Gil.

Está incluido al final de la obra un apéndice con varios argumentos epistolares que defienden al “pacificador de México” como llama a Emilio Portes Gil, el historiador José E. Iturriaga. También incluye una que otra endeble defensa sobre el doctor Norberto Treviño Zapata y Don Manuel Ravizé, el único gobernador de nuestro estado natural de esta ciudad y puerto de Tampico.

La Historia política de México está atiborrada de hombres a quienes el avorazamiento  económico los ha llevado a desarrollar una hiperactividad para acaparar por tiempo indefinido los puestos públicos, dañando a la democracia y a la participación civilizada en los órganos del poder público.

Por eso los hombres que consideran un honor cultivar el oficio político para servir a su comunidad, deben ver en esta obra de Don Juan Guerrero Villarreal, un valladar a las dudas, que en momentos parece convertirse en amenazante frustración por la irritación nacional que existe en la población ante la actividad impune de los criminales en el país. México está quizá en este siglo XXI, ante un episodio de su vida inédito; que no tengo la menor duda resolverá y saldrá adelante como en otras ocasiones lo ha hecho ésta heroica patria nuestra.

La realidad es palpable: hemos visto como al amparo de los puestos públicos, individuos que llegaron en “cueros vivos”, hoy hacen ofensiva ostentación de riqueza en un país de pobres, que cada día se acerca más a la miseria absoluta. La política mexicana es una nube, ecológicamente hablando, con características de “inversión térmica” que está acabando con la salud social de la nación, lo estamos viendo, negarlo sería enfermizo y torpe.

Don Juan Guerrero Villarreal fue secretario general de gobierno durante el mandato del general Raúl Gárate en Tamaulipas; este gobierno encabezado por Gárate fue el principio del derrumbamiento del poder de Emilio Portes Gil sobre Tamaulipas. Cuando Portes Gil gobernó el país en los “14 meses difíciles de la Revolución Mexicana” a la muerte de Álvaro Obregón, entre sus actos de gobierno fue ordenar que se pasara por las armas al general Miguel Alemán, porque se había levantado desconociendo el gobierno de Portes Gil.

Como en la vida siempre hay consecuencia de nuestros actos, el hijo de aquel General abatido por órdenes de Portes Gil llegó a la presidencia de la República con el nombre de Miguel Alemán Valdés, que aseguran los historiadores, fue el iniciador de la desviación del gobierno mexicano de los propósitos de la Revolución Mexicana de donde habían surgido nuestras instituciones que a la fecha nos gobiernan.

El presidente Miguel Alemán desconoció al gobernador Tamaulipeco que se encontraba en funciones para designar a Raúl Gárate y este a su vez nombre a Don Juan Guerrero Villarreal, abogado, notario público, literato, historiador, viajero internacional, secretario general de gobierno, teniendo la responsabilidad de llevar la política interna de nuestro estado, que en aquel entonces estaba representado por liberales y conservadores, los liberales agrupados en la logias masónicas y los conservadores en las organizaciones pro religiosas como serían los caballeros de Colón.

Para la enfermedad que representa el poder egocéntrico y sin control, hay una medicina, que dadas las condiciones es una panacea: el periodismo independiente y el valor cívico de los periodistas, que se convierten en la conciencia cívica de su ciudad. Tal fue el caso de Don Juan Guerrero Villarreal, exdirector del “Diario” de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

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