Columnas

La huella del presente

Rutinas y quimeras

Clara García Sáenz

La huella del presente

Cuando veo las pinturas de la cueva de Altamira, España, me surgen un montón de preguntas y me cuesta imaginar que esos grupos humanos que habitaron la prehistoria fueron capaces de realizar tan extraordinarias pinturas. ¿Realmente eran como los imaginamos? Primitivos, alejados de la humanidad cosmopolita de nuestro tiempo.

Si revisamos detenidamente las expresiones artísticas del mundo antiguo, palacios, esculturas, bajorrelieves, pinturas; quedamos perplejos de la belleza, majestuosidad, perfección alcanzada por los grupos humanos que parecieran muy alejados del desarrollo actual.

El arte, es quizá la única expresión capaz de dar testimonio histórico del hombre desde hace 35,000 años calculados a partir de las pinturas de la Cueva de Altamira. Poco sabemos de quienes las hicieron, sus intenciones, sus motivaciones y fines, sus circunstancias, sus tragedias. Pero poco importa cuando ante tanta belleza solo tenemos la certeza que fue hecho por seres iguales que nosotros.

Emmanuel Kant decía un tanto en la crítica de la moderna Ilustración, que poco o nada importaba lo que hiciera un hombre en solitario, que la humanidad debía siempre trabajar de manera conjunta para lograr sus fines y no ir en contra del plan de la naturaleza y es el arte quien mejor sirve para poder comprender el desarrollo histórico de la humanidad. Por eso es impresionante ver al director de la Organización Mundial de la Salud Thedros Adhanom con lágrimas en los ojos diciendo que para vencer la pandemia del covid es necesario que todos estemos unidos.

Es posible que dentro de 20, 50 o 100 años nadie recuerde este confinamiento, la enfermedad, los cubre bocas, las causas de muerte. Pero seguiremos recordando y disfrutando el arte desde que la humanidad existe a través de sus manifestaciones.

Paradójicamente, cuando se habla de terminar este confinamiento, se señala al sector de la educación, el arte y la cultura como los últimos en reincorporarse, y han sido precisamente estos tres ámbitos los que han hecho más llevadera la vida en el encierro.

Muchos señalan como injusto el no priorizarlos a la hora de desconfinar y otros se preguntan por qué. Tal vez la razón al final sea que poco importa la sociedad del presente, porque la humanidad en su conjunto sobrevivirá a través de la huella artística o en palabras de Kant, poco importan las personas en lo individual, lo importante es el conjunto, ese al que apela el doctor Thedros; porque el arte a pesar de nosotros, de la pandemia y la catástrofe, seguirá existiendo.

Poco importa quienes somos, nuestro nombres, tragedias e historias, como el hombre primitivo, lo que importa es el testimonio, pero no es posible saber si será más grande y duradero que el de las pinturas de Altamira. Nosotros, tan posmodernos.

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