Columnas Titulares

Me hubiera gustado estar

Correspondencia

Me hubiera  gustado estar

Por José Luis Castillo.

Como en los mejores años, en los que día a día disfruté de su compañía, de los verdaderos festejos que se organizaban con motivo de su cumpleaños, ayer me hubiera gustado estar presente en la develación de la estatua a mi amigo, Rodolfo Torre Cantú.

Aunque contento, porque para siempre estará en ese edificio, donde muchos años compartió su experiencia y espíritu de servicio a través del área médica, primero como doctor, después con la gran aventura y privilegio de ser secretario.

Nunca se dio por vencido, de un edificio abandonado, emproblemado, viejo y en el olvido. Ahí se  hizo la mejor de las inversiones, al lograr que el gobierno adquiriera ese inmueble emblemático de la ciudad para establecer las oficinas centrales de la Secretaria de Salud. Hoy sabemos que ese fue un gran acierto.

Me hubiese gustado estar, aunque me hizo feliz, saber que en el espacio donde él solía reunirse con quién iba a solicitar medicinas para saludarlos ahí en donde en lugar de una fuente ahora está su presencia siempre importante, mural, humana y buena.

Ahí donde hizo dos grandes anuncios que lo hacían feliz, primero su llegada como secretario, además de la adquisición del inmueble, que el mismo recorrió, supervisó, posteriormente ordenó la remodelación acuciosa, para comodidad de su equipo y cada área. De ahí, en ese edificio histórico en la capital de Tamaulipas, anunció su retiro como secretario, para irse a buscar su más grande sueño.

Si, el sueño de ser gobernador y la ilusión de servir a los demás, ahí fue donde también, muchas veces departió o compartió, mi gran amigo Rodolfo Torre, con todos y cada uno de los trabajadores de la salud, desde ahí sus cumpleaños, aniversarios, para él, cualquier motivo implicará tamaladas y convivio. Ah, pero, por supuesto, que nunca podía faltar su postre favorito: un gansito.

Me hubiese gustado estar, pero me reconforté en que todos los días disfruté su presencia, el festejo por su cumpleaños que empezaban generalmente desde la noche, del día 13, ahí precisamente en las afueras de su hogar, al son del mariachi, todo objeto para hacer ruido y generar música era suficiente para verlo feliz.

En ese lugar en donde se rompía el silencio, ahí estuvieron presente líderes de colonias, seccionales, trabajadores y empleados, amigos, compañeros y hasta alguno que otra desconocido que era invitado por el amigo del amigo; algunas veces éramos cómplices de esa organización del la fiesta sorpresa, porque sabíamos que se lo merecía. Siempre tuvimos el privilegio de aprender de su mano, en todo momento tenía una consejo o una sabía palabra para todos.

En cada cumpleaños, el convivio se prolongaba todo  el día, porque eso era: una gran fiesta. Para eso, para festejarlo, para estar cerca del él, darle lo mejor de todos y cada uno, de los que lo queremos, admiramos y respetamos.

Me hubiera gustado ir, pero recordé con cariñoso y gratitud, lo que siempre solía decirnos: “no se peleen y vamos para adelante”, Así lo recordé, siempre lo haré, porque desconozco quienes fueron sus organizadores, a ese evento tan significativo, al que no fuimos invitados, mucho menos enterados, quienes algunas vez estuvimos cerca de él.

Joseluis_castillogtz@hotmail.com