Columnas Titulares

MI AMIGA LAU

LETRA PÚBLICA

MI AMIGA LAU

RODOLFO SALAZAR GONZALEZ

Cuando decidí instalar una computadora en mi casa, dos años antes de que Osama Bin Laden derrumbara las Torres Gemelas de Nueva York, nunca pensé realmente que era lo que estaba haciendo en verdad. Siempre tuve el prejuicio de involucrarme en este mundo del ciberespacio, del cual no tenía la más remota idea de lo importante que es, y la oportunidad que nos proporciona para obtener información inmediata y establecer sólidas relaciones de amistad. En aquella época del siglo pasado torpemente argumentaba que no era necesario enviarle correos a otra persona, si teníamos el teléfono a la mano; en fin, me resistía a formar parte de los millones de seres humanos que en el mundo utilizan ésta máquina maravillosa para comunicarse que es la computadora, y que en honor a la verdad, sea dicha en esta columna, quien me convenció de que si no lo hacía me convertiría en un dinosaurio, fue en una plática telefónica el Maestro Juan José Villela, quien por cierto fue distinguido con el mérito académico por una universidad privada recientemente en la Ciudad de Reynosa. Juan José me explicó la obligación que tenía de estar atento a los cambios tecnológicos en los que está inmerso la sociedad de la que formamos parte.

Ya instalado en casa con internet y toda la parafernalia que esto representa me enfrenté a la única verdad que yo tenía en mi vida: No sabía cómo prenderla, y no sabía para que servía. Entonces me inscribí en un curso rapidísimo para aprender lo más elemental y poder encender el aparato que ya estaba ocupando un sitio de mi pequeño estudio. Sucedió entonces un milagro: empezaron a llegar bellos mensajes a mi computadora sin que yo tuviera la menor idea por que llegaban. Todos venían firmados por: Lau. Temeroso, sin saber si estaba haciendo lo correcto conteste uno, y la respuesta llegó de forma inmediata y atenta. Laura Folco, María Laura Folco se llamaba la persona que los enviaba, quien con sus mensajes trataba de levantarnos a todos la moral para que no perdiéramos la fe en la vida y en la aventura de vivirla.

Atenta y cariñosa me explicó en forma fraternal (Lau) que sus mensajes llegaban a mi computadora por que los dos éramos miembros de una comunidad de mascotas caninas, en la que cotidianamente escribía letras agradables y alentadoras. En la medida que el tiempo transcurrió nuestro trato se hizo cálido y permanente, al grado que conocí -por su vehemencia- con que me lo describía a su hijo Pablito, por quien ahora siento un sincero afecto. Conocí también su fantástica vida acompañada con sus gatos, Tadeo, Moro y Bruno, y supe de la feliz existencia de Anakín (el campeón Anakin), un fino y distinguido labrador dorado (que lamentablemente falleció hace año y medio), que son su familia que la acompaña y la defiende con auténtica pasión Argentina.

Descubrí que Lau, la divina Lau, como yo la llamo, es además de un bello ser humano, una fecunda escritora que plasma en sus letras la idea emocionante que lleva siempre en el interior de su vida. Conoce como nadie (y me atrevo a decir que la podría repetir de memoria), la obra de Gabriel García Márquez, sobre todo su novela cumbre: 100 Años de Soledad. Como  consecuencia de ésta erudición de la novela latinoamericana, Lau ha escrito espléndidos cuentos que he tenido el honor de leer y guardar, además de dentro de mi corazón, en esta computadora como si se trataran de auténticas joyas de la literatura, vaya que lo son.

Lo más importante es que he encontrado en Lau a una interlocutora con la que se puede tratar todo tipo de tema que está en el candelero de la realidad mundial. Ella está consciente de todo lo que es humano, y por eso domina los diferentes temas que nos preocupan. Sobre todo, conoce como pocas la realidad de su país, y en la medida de sus fuerzas y posibilidades lucha por que las cosas en su Argentina sean mejor para todos sus compatriotas.

Cuando en el horizonte de su patria en aquella época que instale mi computadora en el estudio de mi casa se atravesó la nube negra de la posibilidad de que Menem pudiera volver repetir en la presidencia de ese maravilloso país que es Argentina, Lau desarrolló un activismo político a través del internet, similar al que en su tiempo realizaron las mujeres de la resistencia francesa para que Menem no gobernara su nación, como afortunadamente sucedió.

Ahora mi amiga está atenta de lo que sucede en su patria, como una convencida de la política socioeconómica en favor de los trabajadores y la clase media y la autonomía con el imperio norteamericano, apoyó en su medida la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, era una convencida de su política social y de la estabilidad económica que le dio por doce años incluidos los del presidente Néstor Kirchner y por esa razón apoyó en esta reciente sucesión presidencial al candidato que defendía el programa de gobierno que Cristina Fernández de Kirchner. Lamentablemente Daniel Scioli perdió por tres puntos la presidencia del país de mi amiga Lau, para quedar en las manos de Mauricio Macri un auténtico neoliberal pragmático tipo Vicente Fox, que cuando recibió la banda presidencial y el bastón de mando de forma inmediata se puso a bailar desenfrenado y sin ritmo definido. Conducta que tanto criticó a la ex presidenta Cristina Fernández.

Lau seguirá pendiente y atenta a la evolución que tenga la administración del presidente Macri y está de acuerdo en que los resultados son los que posteriormente explicaran a la mayoría de ese país si votaron en razón de la prosperidad de su patria. Quise hacer un brevísimo bosquejo en estos días especiales de navidad y año nuevo de esta  admirable Argentina que ama a los animales con un amor que todos deberíamos de imitar para ser mejores seres humanos, y que por ahora, – yo lo sé – está resistiendo para volver a su vida normal en un país con un gobierno que ella no voto.

Feliz Navidad a todos los lectores.

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