Columnas Titulares

PAZ Y CORTAZAR

LETRA PÚBLICA

PAZ Y CORTAZAR

RODOLFO SALAZAR GONZALEZ

Leí un libro del estupendo escritor Ignacio Solares, un destacado funcionario de la UNAM que durante su vida cultivó una estrecha relación con Julio Cortázar; éste texto publicado por  el Fondo de Cultura Económico se trata sobre Cortázar exclusivamente: ¿Cómo era?, ¿Qué quería?, ¿Qué leía?, ¿Cuáles eran sus traumas?, y sobre todo cuales eran sus debilidades, de donde paradójicamente surgió su fortaleza que lo transformó en un ícono de la literatura universal. Rayuela, es un texto escrito por Julio Cortázar que es obligatorio en los Doctorados de Literatura y Letra en toda Europa.

Traer en  un artículo a Cortázar en el que la figura central debiera ser Octavio Paz, es con la finalidad de encontrar un camino corto que nos lleve a desentrañar la naturaleza y el carácter de Octavio, que pienso tuvo que tener una exagerada compatibilidad con el de Cortázar. Solares describe a Julio Cortázar, como una persona a quien le afectó muy hondo el hecho de que su padre hubiera abandonado a la progenitora de sus días siendo él un bebé. Incluso el padre de Julio, que llevaba el mismo nombre que el escritor nacido en Bélgica, que gran parte de su vida vivió en Argentina para finalmente adoptar la ciudadanía francesa y morir en París en los finales de los 80’s, recibió una misiva  de su padre (un flemático diplomático Belga) donde le ordenaba que no utilizara el nombre de Julio Cortázar, en virtud de que él (su padre) nunca lo reconoció como hijo suyo. Durante un tiempo esto afectó mucho a Cortázar, pero con el tiempo mandó a volar a su papá y siguió utilizando el nombre, -al fin suyo- para inmortalizarlo y sepultar en el espantoso cementerio del anonimato a su padre de quien nadie da cuenta.

Cortázar era un tipo raro y además singular, por que cuenta su biógrafo que era un hombre raro  (de plano diría yo enfermo de esquizofrenia). Creía en el destino, en los vampiros, y tenía la convicción de que en alguna noche en París, sería contactado por algún representante de ésta fauna, hoy muy de moda en la televisión gringa. Lo más preocupante que leí del biógrafo de Cortázar sobre éste genial escritor de casi 2 metros de altura y con un rostro que no he visto repetido en ninguna otra persona, en donde sus ojos estaban a una distancia tal uno del otro, que tengo la impresión que era capaz de ver toda la periferia que existía en su alrededor. Julio tenía la convicción de que tenía el poder de despersonalizarse, es decir, caminando, Julio, de pronto volteaba a su lado y miraba a Julio Cortázar acompañándolo. Es decir, podía construir un espejo en donde su imagen cobraba vida, y podía llegar a tener contacto consigo mismo. Hay una novela, de las primeras, en donde Julio en una estación del metro se encuentra con una hermosa mujer que al verla se queda paralizado y convencido de que es la mujer con la que va a vivir y morir en la vida. Se le pierde, y desde entonces durante toda su vida se dedica a buscarla en el metro de París; él cree en la predeterminación y finalmente la encuentra después de muchos años, pero en ese instante le llega un mensaje que le dice que si la aborda ella desaparecerá y la historia no se escribirá como él la había diseñado.

En You tube, aparece un video espléndido donde Cortázar y Octavio Paz bailan en la India junto con los nativos de algún pueblo de ése milenario país. En la escena que aparece en Internet los dos, Julio sin camisa, bailan desenfrenadamente las danzas religiosas que los nativos indios consideran poderosas y llenas de plenitud milagrosa. Octavio Paz llegó a la India como Secretario de la Embajada que por primera vez se instaló en ése país, y que representó, el ilustre tamaulipeco Emilio Portes Gil.

Desde la India Octavio Paz fue formando su poderosa personalidad, allí conoció a su esposa, una francesa, joven en ésa época, que buscaba alguna revelación en todas ésas danzas religiosas llenas de esoterismo y con una pesada carga que implicaba que al bailarlas se encontraba las puertas de la purificación espiritual.

Octavio Paz ha logrado lo que nadie. Logró vender en un país donde la lectura es una actividad que nos coloca en el último lugar del mundo, en comparación con otros países, millones de ejemplares de “El Laberinto de la Soledad”. Esta obra cumbre de la cultura nacional, es quizá un buceo dentro de nosotros mismos para saber quién somos y después decirlo a todos. Aunque eso implique que no sabemos quiénes somos y que lo único de lo que sí estamos absolutamente seguros es que estamos totalmente solos.

Fue Octavio Paz, no cabe duda, una de las figuras más importantes y polémicas de la literatura mexicana en el siglo XX; a su muerte en medio de toda una tempestad de celebraciones acríticas que incluyeron por supuesto a sus autoproclamados herederos, es conveniente recordar que las herencias intelectuales se merecen, no se reclaman. Dentro de éste contexto todos los que pudieran reclamarse o sentirse herederos de Octavio Paz, como sería el caso de Enrique Krauze, debe entender que a partir de ésta reflexión está totalmente huérfano sin Octavio Paz.

Por eso conviene en ésta perspectiva establecer una mirada crítica sobre la obra de Octavio que fue sin duda autor de algunos de los poemas más ambiciosos de la literatura mexicana, que no obstante, nunca lograron ubicarlo junto a los grandes poetas de la lengua. La poesía de Paz es sin lugar a dudas, la más exigente del panorama mexicano. Así es porque en éste contexto no existe otra obra que haya elaborado durante tantos años con una insistencia y un despliegue de elementos tan básicos, es una propuesta la suya con ambición desmedida, un esfuerzo por integrar en un solo mundo la filosofía, la política, la religión y el arte, del amor y el erotismo, de la cotidianidad a partir de orígenes poéticos que van desde el franco lirismo hasta prácticas cercanas a las de la poesía concreta.

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