Roberto Espinoza vive en una banqueta de la zona centro de Altamira

*Padece de Diabetes, solicita el apoyo para la compra de sus medicamentos; otro testimonio de la difícil situación que viven familias de esta ciudad

Por Diana Alvarado

Por las calles de la zona centro de Altamira nos hemos percatado la difícil situación que viven familias que se encuentran en situación de calle; como usted lee en un puerto industrial hay quienes deambulan sin empleo y con enfermedades severas.

Don Roberto Espinoza padece de Diabetes, enfermedad que le ha ocasionado la amputación de dos dedos del pie derecho. Diariamente lo encuentra sobre el Boulevard Allende esquina con Hidalgo de la zona centro del municipio altamirense.

Tiene 65 años de edad, asegura que siempre ha trabajado solo que hace un par de años se agudizó su padecimiento, por lo que no pudo seguir laborando “no tengo trabajo, no puedo porque necesito medicamentos y antibióticos, me dan recetas médicas, pero no tengo con qué surtirla, necesito medicamentos para mi herida”.

Comentó que acudió a la clínica del Sistema DIF, pero nada más le brindaron una curación; sin embargo, por la pandemia no pudo continuar con el tratamiento y medicamentos tampoco le otorgan porque ya no tienen proveedor, eso le argumentan en el voluntariado.

Don Roberto, dice que vive solo en la banqueta de la escuela Mártires de la Revolución frente al mercadito, en donde se pueden observar cajas de madera que habilita como cama, trastes, comida y hules que en temporada de lluvia cubren su “hogar”.

“Vivo ahí atrás pero ya me voy a ir para donde me prestaron a una casita aquí mismo cerca del centro”, dijo.

Aunque trasciende entre los mismos comerciantes que vive con una señora que suponen es su pareja y también pide apoyo a las afueras de tiendas comerciales de la zona centro.

En cuanto al medicamento que necesita tienen costos desde los 500 a 700 pesos, sobre todo la insulina es de valor elevado que no puede solventar.

Comentó que “yo siempre he trabajado, quiero un triciclo para hacer tacos de barbacoa, ponerme en un lugar a trabajar, ya teniendo el medicamento me pongo a trabajar”.

Quien quisiera y pudiera apoyarlo, Don Roberto se encuentra todos los días sentado en una de las cajas de madera, afuera de la tienda de conveniencia denominada Arteli de la calle Hidalgo.